PSICOLAX

"Cuando sabes verdaderamente quien eres, vives en una vibrante y permanente sensación de paz. Puedes llamarla alegría, porque la alegría es eso: una paz vibrante de vida."

Eckhart Tolle

Monday, January 11, 2016

"Somos lo que pensamos" y.. pensamos mucho y mal.


"La vida tiene altos y bajos y no siempre se pueden sortear, pero sí podemos cambiar lo que sentimos. Entrenar otra forma de pensar es el primer paso para conseguirlo" 

Esto nos dice la psicóloga Patricia Ramirez Loeffler en su artículo "Somos lo que pensamos" en el PAIS SEMANAL...



Hoy día es indiscutible la relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra psique, emociones, conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional. Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura sentimental, hacer cola en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”, “Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”, y un largo etcétera. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?
Nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite, los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitantes, destructivos o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciarnos, tanto positiva como negativamente.
Muchos pacientes dicen tener la cabeza como una lavadora. Ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente. Se sienten atrapados entre palabras, incapaces de pararlas o desatenderlas. Hay personas que odian relacionarse consigo mismas porque lo que “su mente les dice” les causa una angustia tremenda.
Ahí van dos buenas noticias. La primera: usted es en gran parte el responsable de lo que siente. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación que usted hace del entorno. Esto le responsabiliza y también le permite controlar y actuar sobre lo que siente. Muchos querrían desligarse de todo y seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo. Pero esta opción le limita y le deja sin recursos.
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El victimismo provoca que piense
más en lo que no funciona
que en lo que va bien
La segunda buena noticia es que puede modificar su estilo cognitivo en el momento en el que decida entrenar otra forma de pensar. Cientos de miles de personas consiguen preparar y acabar un maratón a pesar de lo dura que es esta prueba. Pero cuando hablamos de modificar lo relacionado con la psique, lo asociamos enseguida a dificultad, a falta de fuerza de voluntad y a nuestra forma de ser, y cuestionamos la posibilidad de cambio. Siga estos consejos para poner el pensamiento a raya.
Olvide la idea de convertirse en una persona superpositiva y superoptimista. El mundo no es de color rosa, pero tampoco un lugar negro y hostil. Se trata de buscar la utilidad de lo que piensa. Los pensamientos y las emociones son útiles cuando nos permiten resolver lo que nos preocupa e inútiles cuando no podemos hacer nada por aliviarnos. Confíe y delegue, y permita que al hacerlo los demás actúen con autonomía. El exceso de control genera ansiedad. Cuando delegue aquello de lo que no se puede responsabilizar, imagine un interruptor en la mente y póngalo en desconectado cada vez que aparezca de nuevo la preocupación. Dejar de prestar atención a lo inútil no es irresponsable. Todo lo contrario, permite que esté en el presente. Lo que sí es irresponsable es tener una reunión de trabajo y que su mente dé vueltas a un problema que no puede resolver por más que quiera y que ese estado impida concentrarse en lo único que puede atender: la reunión.
Escriba. No se trata de desconfiar de la memoria, pero para facilitarle el cambio de pensamiento necesita coger el hábito de escribir aquello que desea pensar. Escribir es una conducta organizada y facilita el aprendizaje. ¿Recuerda cómo aprendió a hacerlo sin faltas de ortografía? A base de repetición. La maestra detectaba una falta y usted la repetía en su cuaderno 10 veces. No aprendió a escribir correctamente simplemente pensando en que tenía que hacerlo. Necesitó un proceso. El mismo que requiere ahora para modificar su estilo cognitivo.
Deje de rumiar. Dar muchas vueltas a sus preocupaciones es el problema, no la solución. Rumia buscando argumentos que le dejen tranquilo, esperando encontrar esa idea brillante con la que calmar sus emociones. Pero nuestro cerebro no se apacigua dándole vueltas a ideas no controlables. En lugar de tanta vuelta, piense en soluciones. En vez de centrarse en “¿por qué me ha pasado esto a mí?”, lleve su energía a “¿qué tengo que hacer, cómo me puedo implicar para encontrar una solución?”. Piense siempre en sumar.
No lo racionalice todo, porque no todo tiene un razonamiento lógico. La vida es matemáticas, ciencia, pero también intuición y sensaciones. Aprenda a vivir con un grado de incertidumbre y a tomar decisiones con un poquito de riesgo. Considere el error como parte del juego. Genera tranquilidad la idea de que puede equivocarse y que, en el caso de fallar, buscará soluciones para volver a intentarlo. Generarse presión con ser perfecto incrementará su nivel de miedo y ansiedad, y con ello, los errores. Y eso es lo que desea evitar.

Para saber más



ANNA PARINI
Libros
En cambio
Estanislao Bachrach (Editorial Conecta)
Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético
Mark Williams (Editorial Paidós)
Película
El guerrero pacífico
Víctor Salva
Acepte lo que no dependa de usted. Los discursos internos relacionados con lo injusta que es la vida y con lo que no se merece pero le ha tocado solo le llevan a sentirse desgraciado. Todos hemos vivido alguna vez el lado injusto de la vida. Su existencia tiene problemas y tiene momentos maravillosos. Pero el victimismo, la falta de recursos o la baja autoestima pueden provocar que atienda, hable y piense más en lo que no funciona que en lo que va bien. Cambie su visión y su discurso. No meta el dedo en la llaga, sobre todo con carpetas del pasado. Acepte. Aceptar no es resignarse.
Quite valor a lo que no lo tiene.Si cada preocupación se convierte en una batalla personal, estará combatiendo día y noche. Usted y su escala de valores son los que deben decidir si es importante o no. No busque soluciones por las noches. Tendemos a ver todo de forma mucho más catastrófica. Las noches son para dormir, no para resolver dilemas.
Anticipar lo que puede ocurrir de forma negativa no le protege. Muchas veces anticipamos lo que no depende de nosotros: “Seguro que el profesor pone un examen dificilísimo”, “No me inspira ninguna confianza este partido, el rival lo va a dar todo”. Muchos de sus miedos versan sobre un futuro que no va a suceder. Al final, no todo termina saliendo bien, pero sí es cierto que no es tan trágico como había pronosticado. Se ha dedicado a sufrir por situaciones que no pasarán o que, si ocurren, no serán tan tremendas como imagina. El miedo anticipatorio solo aumenta su nivel de ansiedad y preocupación. Le impide estar pendiente de lo que sí funciona y le genera la sensación de vivir en un mundo amenazante. Cuando esto ocurra, sustituya su miedo al futuro por un simple “bien, pudiera ser, lo que tenga que ser será”.
Ríase de lo que piensa. ¡Qué absurdas nos parecen algunas de las ideas a toro pasado! Pruebe a hacer el ejercicio de ver la parte cómica en el momento real. Apreciar el lado humorístico le confiere control sobre sus preocupaciones y emociones. El humor también se entrena. No lo descarte por no ser hábil ni ágil con él. Vea películas, hable con personas que se ríen de sí mismas y comprobará que pronto se le contagia.
Rete a sus miedos. “Pero tú, piltrafilla, ¿acaso vas a poder conmigo?”, “¿Me voy a dejar amedrentar por ti? Pero si no tienes ni media bofetada”. Hablarle en este tono a sus miedos hará que se sienta superior a ellos.
No tenga conversaciones absurdas con sus pensamientos.No se enrede en ellos. Sus pensamientos negativos son rabietas que buscan su atención, y como se siente angustiado, se la presta. Contémplelos como si no fueran con usted. Lo que habla en su favor son sus actos, no lo que piensa. Déjelos estar en su mente, como quien acepta una peca en el brazo. Si no los escucha, dejarán de darle la lata. Cuando aparezcan, diga: “Gracias, mente”, y lleve su foco de atención a otro lugar.
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Recuerde, no se puede “no tener pensamientos” por mucho que le atormenten. Lo que sí puede es elegir otros. Como dicen en la película El guerrero pacífico, “la vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas”.

Friday, January 8, 2016

De la incompetencia a la excelencia


La Programación Neuro-Lingüística (PNL) nació del interés de sus creadores por estudiar, analizar y modelar el comportamiento de varios terapeutas que, consistentemente, lograban excelentes y sorprendentes cambios en sus clientes. El modelado permite descomponer un proceso en sus partes mínimas y reproducirlo, de manera que después puede ser enseñado a otros. La PNL, entre otras cosas, es considerada como el estudio de la excelencia. Es decir, cuando alguien hace algo excelentemente, responde a la pregunta: ¿cómo lo hace?
Cada aprendizaje comienza en la incompetencia y finaliza en la excelencia, cuando quien realiza el aprendizaje ha integrado las diferentes partes del proceso en su inconsciente y ya ni siquiera sabe cómo hace lo que hace excelentemente. Realiza la tarea ya inconscientemente, alcanzando la etapa de competencia inconsciente. Esto es aplicable a cualquier aprendizaje, ya sea aprender a conducir, a leer, a escribir, a montar en bicicleta o a desarrollar un trabajo dentro de un contexto profesional. Mi propósito con este artículo es ilustrar este proceso, que dividiré en tres fases, a través de mi propia historia profesional.
Hace unos años entré a trabajar como consultor en una multinacional alemana de la automoción. Concretamente estaba en la división de motores diesel, en el departamento de par motor. Mi trabajo consistía en desarrollar funciones para este departamente. Para ello utilizaba una variante de Simulink, el software de Matlab, que permite manejar variables de una manera lógica mediante la creación de diagramas de bloques. Yo tomaba las señales y hacía operaciones simbólicas con ellas. Las sumaba, las restaba, las multiplicaba y dividía, y algunas cosas más, de una manera gráfica. Luego iba al coche y comprobaba que éste se comportaba como yo quería.
Trabajaba con el sistema de par motor, que a su vez se comunicaba con otros sistemas, como el de inyección o el de protección del motor. Trabajaba con un sistema dentro de un sistema más grande, y a su vez el sistema de par motor se dividía en sistemas más pequeños, como la interacción con la caja de cambios o el control de tracción. Las señales salían de unos lugares y entraban en otros, de manera que el sistema del que me ocupaba recibía señales de otras partes, las procesaba y devolvía los resultados a otras partes, tanto dentro como fuera del sistema. En cierto modo, un sistema humano hace esto, así que lo que allí aprendí, aunque en un principio pensé que no me sería útil para lo que hago ahora, sí puede ser aplicado a lo que hago. Es curioso como diferentes aprendizajes en diferentes áreas pueden apoyarse y enriquecerse entre sí, pero no es de eso de lo que quiero hablar ahora.
Cuando empecé, lo cierto es que era una carga para mis compañeros. Ellos y ellas debían enseñarme las diferentes partes del sistema, e incluso los primeros días tenía dificultades para encontrar los programas que debía utilizar. Ignoraba las convenciones de trabajo que habían establecido, y desde luego desconocía el sistema en el que tendría que trabajar. Aunque contaba con conocimientos teóricos para hacer la tarea que me habían asignado, ignoraba muchas otras cosas, desde los procedimientos del departamento hasta las herramientas a emplear. Me encontraba en un estado de completa incompetencia.
Tuve que aprender desde el principio, tomando pequeños elementos y uniéndolos entre sí en la base, para crear nuevos patrones de comportamiento a base de repetición. Así, poco a poco, fui progresando. Aproximadamente seis meses después, empecé a considerarme competente.
Este es a menudo el momento en el que las empresas se deshacen de los consultores, a los que contratan durante sólo un periodo de tiempo. Esta práctica me parece estúpida. Contratas a un incompetente y, después de que otros empleados lo formen pacientemente durante meses, cuando ha alcanzado la competencia, prescindes de él. Pienso que esta es una mala práctica, pero a menudo muchas empresas funcionan así.
Afortunadamente para mí, la multinacional siguió contando con mis servicios tras este periodo, así que tuve la oportunidad de seguir aprendiendo. Por entonces me consideraba competente. Sabía dónde estaban los programas, sabía cómo utilizarlos con eficacia, conocía los procedimientos y podía seguirlos fácilmente. Conocía las diferentes partes del sistema y podía resolver la mayor parte de los retos que mi trabajo me presentaba. Trabajaba con independencia e incluso podía enseñar a otros. Definitivamente había alcanzado la competencia. Mis tareas me resultaban fáciles y asequibles, y me alegraba cuando encontraba algo que no sabía resolver y podía aprender algo nuevo, lo cual todavía sucedía a menudo.
Pasaron más de dos años. Conocía las partes del sistema de par motor al dedillo. Las había visto cientos de veces. Muchas de las partes incluso las había diseñado yo, lo cual hacía mi trabajo mucho más fácil todavía. A la vez conocía muchas otras partes de otros sistemas que quedaban fuera de mi ámbito de responsabilidad; había trabajado con ellas las suficientes veces como para incluso poder detectar errores que otros habían cometido. Si el sistema de par motor era un mapa del país, yo conocía cada población y cada carretera, y sabía cómo llegar de un lugar a otro incluso por varios caminos diferentes.
Pero yo ya no me daba cuenta de eso. Lo hacía todo inconscientemente y con facilidad. Era algo natural para mí.
La prueba de mi excelencia me llegó en una de las últimas semanas en las que estuve en la empresa. Había decidido ya dejar de trabajar como ingeniero para aprender sobre los seres humanos, un interés todavía más profundo y anterior y que, algo en mi interior, necesitaba satisfacer urgentemente. Para mí, continuar haciendo lo mismo había dejado de tener sentido. Seguir por ese camino era estúpido para mí. Cada día que pasaba allí era un día que quitaba a algo que me interesaba más. Todavía no sabía exactamente lo que era, pero sabía que pronto comenzaría a caminar en otra dirección, en una dirección más significativa y profunda para mí.
Me llamaron del sistema de integración. Había un equipo que se dedicaba a poner todas las partes juntas y a probar que funcionaban consistente y congruentemente. Cuando acudí, el jefe del equipo me explicó que tenían un banco de pruebas con ocho motores funcionando día y noche durante semanas, y que habían notado algo que no sabían explicar. Varios de los motores, sin razón aparente, se revolucionaban por encima del punto de revoluciones que habían establecido para las pruebas, y no sabían qué estaba pasando, así que estaban preguntando a los responsables de las diferentes áreas en busca de una explicación y de una solución que la siguiera.
Allí, de pie, junto a mi compañero, tras escuchar la descripción que me hizo, entré en un trance profundo. Mi inconsciente empezó a recorrer todas las funciones de las que era responsable, y después comenzó a recorrer también aquellas que quedaban fuera de mi competencia. Cientos de páginas de documentación pasaron por mi mente de una manera sistemática y estructurada. En apenas un momento, tuve un “flash”. Todo encajó. Me giré y le pregunté:
—Los motores que se revolucionan más de lo esperado… ¿son los del centro del grupo?
Él lo pensó durante un momento y dijo:
—Pues sí, ahora que lo dices, sí. No me había dado cuenta de eso…
Nota cómo me sentí cuando me confirmó lo que había pensado. Estaba resolviendo un problema sutil y complejo en un momento, y para ello estaba utilizando todo lo que sabía, todo lo que durante tres años había aprendido allí. Estaba resolviendo en un instante un problema que nadie más había conseguido resolver. Sentí una profunda satisfacción. Y, por si fuera poco, todo eso en alemán    :-)
—Los motores que están en el centro se calientan más que los otros porque están recibiendo el calor de los motores que los rodean. Esto hace que suba su temperatura —dije abriendo el libro de especificaciones que recogía los miles de funciones que componen cada versión del software—. Eso hace que aumente el valor de esta variable, que alimenta este mapa de calibración que relaciona la temperatura con otros factores. Como puedes ver, si aumenta la temperatura, la salida de este campo aumenta de valor, y al alimentar esta salida este otro mapa de calibración, afecta el set-point que se envía después al sistema de inyección, haciendo que este aumento incremente a su vez el número de revoluciones del motor. Tan sólo hay que hacer unas pequeñas modificaciones en uno de los mapas de calibración, este en concreto y de esta manera, para que la temperatura deje de afectar al número de vueltas por minuto del motor en ese rango de funcionamiento.
Fui tan claro y tan preciso en mis explicaciones que incluso me sorprendí a mi mismo. Sencillamente, no sabía que sabía tanto, y tuve una maravillosa oportunidad para demostrármelo. Que luego se corriera la voz de que yo había resuelto el entuerto, eso fue secundario   ;-)
Cualquier aprendizaje comienza con la incompetencia total. Es la práctica la que, a través de la repetición, conduce a la competencia y, más tarde, a la excelencia. Es por esto que los expertos en cualquier área son muy cotizados, porque saben lo que están haciendo hasta el punto en que ni siquiera saben que lo están haciendo.
Hace poco escuché un diálogo de una admiradora con un maestro de la guitarra. La mujer le decía:
—Maestro, daría mi vida por tocar la guitarra como usted lo hace.
A lo que él respondió:
—Eso es, ni más ni menos, señora, lo que yo he hecho.
Así que ya sabes, la paciencia, la disciplina, el compromiso y la repetición serán lo que te conduzcan a la excelencia en lo que sea que haces. Pero, especialmente, asegúrate de que cuentas con maneras de disfrutar del proceso.
¡Feliz excelencia!   :-)

Wednesday, January 6, 2016

¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara?


Recuerdo cuando decidí estudiar ingeniería industrial. Mis motivaciones entonces eran dedicarme a un oficio respetado, encauzarme en un sector con muchas salidas para asegurarme un empleo y ganar mucho dinero. Conseguí esas tres cosas. Eso me enseñó que podía lograr cualquier cosa que me propusiera, que se trataba de una cuestión de tiempo y de enfoque, de mantener mi intención el tiempo suficiente como para recorrer el camino que me llevaría hasta allí.
Ahora, al llegar a aquel lugar me di cuenta de algunas cosas. Una de ellas era que el dinero no hacía la felicidad. Otra era que mis motivaciones estaban poco definidas; eran difusas. Especialmente aprendí que el dinero es un pobre motivador. Quien trabaja en recursos humanos sabe que la motivación que proporciona un aumento de sueldo se diluye en menos de tres meses. No trabajamos por el dinero, sino que lo hacemos por algo más. El dinero es tan sólo una consecuencia.
Cuando estaba en Alemania, una buena amiga me pasó unos audios con reflexiones de Alan Wattssobre determinados temas. Cuando los escuché, me sorprendió la claridad y la contundencia de sus exposiciones. Hoy he llegado a un vídeo basado en una de esas reflexiones del filósofo británico. Es un tema muy interesante abordado desde una perspectiva inusual que he tenido la oportunidad de utilizar con algunos de mis clientes, con aquellos que se preguntan qué hacer con su vida. La pregunta es “¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara?”.
¿Cómo sería tu vida si tuvieras todo el dinero del mundo? ¿A qué la dedicarías? ¿Adónde irías? ¿Qué harías?
Son preguntas profundas e interesantes, y vale la pena detenerse un momento a reflexionar sobre ello.

¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara? [3:09 min]

Monday, January 4, 2016

Resiliencia




litacabellut

Dice la RAE que resiliencia es la "capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas." Este concepto adoptado por la psicología va un poco más allá. Una persona resilente no sólo resiste a situaciones traumáticas y límite sino que sale fortalecida de ellas.

Monday, November 16, 2015

DEJAR DE "RUMIAR" COMO UNA VACA

"Tú no eres una vaca, eres una persona. ¿Alguna vez rumiar te llevó a la solución? No. Al revés. Rumiar alimenta el cerebro, es como echarle alpiste a un pollo. Cuanto más alpiste, más gordo. Cuantas más vueltas le das, mayor la atención que prestas a tus pensamientos. Estás maleducando a tu cerebro. Lo estás entrenando para que dé vueltas y vueltas a algo que, por lo general, no depende de ti. Por más vueltas que dan tus pensamientos, no aparecen las soluciones. ¿Por qué? Porque la mayoría de veces rumias sobre preocupaciones inútiles. Preocupaciones sobre las que tú no tienes poder de actuación. Buscas darle vueltas a ver si por si acaso, en alguna rotonda neuronal, aparece el milagro. Pero no va a aparecer. El milagro está en dejar estar lo que no depende de ti. Apunta lo que rumias en una libretita, aléjalo de ti. Cuando te surjan ideas que valgan la pena en relación a ese problema, abre la libreta y anótalas. Y mientras estate atento a lo que pasa en tu vida, no en tu cabeza. Los detalles, los momentos, tu trabajo, tu gente... ahí tienes que estar, y no en el prado con las vacas.

Y deja de razonar, dar explicaciones a todo lo que te pasa... porque no te pasa nada. Solo es ansiedad. Es más inofensiva que un virus de estómago".    Nos dice la psicólogaPatricia Ramirez en Lo que tienes que dejar de hacer si tienes ansiedad

Rumiaciones y ansiedad: Cómo romper con el hábito de “pensar demasiado”

¿Te quedas enganchado después de una discusión sobre lo que dijiste mal o lo que podrías haber dicho? ¿Te cuesta dormirte por las noches preocupado por un fallo en el trabajo? ¿Crees que le das demasiadas vueltas a las cosas?
   No eres el único y, de hecho, cada vez es más creciente el número de personas que piensan“demasiado”, impidiéndose a sí mismas el desarrollo de una vida satisfactoria.

   En este interesante artículo de M. Angeles Molina. (Directora y Psicóloga de PSINERGIA) te mostraremos cómo liberarte de ese exceso de pensamiento nocivo (a partir de ahora los llamaremos rumiaciones) y te plantearemos estrategias para recuperar el control de tu vida....
El rumiar nos agota.
   Pensar no es negativo. Lo es cuando nuestra mente se queda dando vueltas a nuestros pensamientos inútilmente produciendo sentimientos negativos, dando lugar al “efecto levadura”: un pensamiento que tiene lugar a partir de una pequeña idea o problema, pasa a generar más y más preguntas, nuevas relaciones de ideas (problemáticas y catastróficas), generando otros pensamientos negativos que se expanden, crecen y acaban por apoderarse de todo el espacio de nuestra mente.
   El resultado es agotador. Lejos de encontrar respuestas o soluciones válidas acabamos en un callejón sin salida, presas de sentimientos de victimismo (“no podré salir de ésta”, “soy incapaz”), ansiedad (“mañana va a ser un día duro”) y depresión (“mi vida no vale nada”).
   Pensamos “demasiado” cuando nos dejamos atrapar por torrentes de pensamientos y sentimientos negativos que nos abruman y que interrumpen nuestro funcionamiento diario y nuestro bienestar.
¿Por qué son negativas las rumiaciones?
   Un pensamiento es positivo cuando es constructivo, creativo y aporta soluciones. Al final de ese proceso nos podemos parar y relajar, inmersos en una sensación satisfactoria de haber cerrado un asunto.
   Las rumiaciones, por el contrario, resultan nocivas porque afectan a nuestra capacidad para obtener respuestas y soluciones a nuestros problemas, producen desmotivación y generan nuevos problemas, nos bloquea en una posición repetitiva que puede afectar a nuestras relaciones sociales y, finalmente, puede arruinar nuestra salud física y emocional.
   Las rumiaciones crean estados de ánimo negativos que pueden teñir la calidad de nuestros pensamientos hasta tal punto que acabamos teniendo una visión distorsionada de los hechos. Y lo peor de todo es que podemos tomar decisiones equivocadas basándonos en esos pensamientos negativos.
¿Cómo puedo liberarme de este hábito?
   Cuando estamos inmersos en un mar de pensamientos circulares y repetitivos, depende de nosotros mismos el poner fin a estos.
¿Y cómo puedo pararlos? Primero hemos de tener clara una premisa: “mis pensamientos no soy yo”Están ahí dispuestos a ser cuestionados, a ser tomados en serio, a ser transformados,… Desde este punto de vista, nos desindentificamos de ellos y nos convertimos en observadores externos de nuestros propios pensamientos. Míralos como observador y pregúntate: “¿realmente este pensamiento me está ayudando?” Si no es así, deja de rumiarlo una y otra vez. Ten en cuenta de que al principio pueden volver a ti, como si fueran un boomerang. Recuerda que estamos en la tarea de entrenarnos en ser nosotros quienes manejemos nuestros pensamientos y no al revés. Así, vuelves a apartarlos de ti cada vez que irrumpan en tú mente. Cada vez lo harás con más fuerza.
   Como psicóloga me encuentro con pacientes en consulta que se sienten presos de sus propios pensamientos. Generalmente, el problema de fondo es una dificultad para vivir en presente. Cuando nos perdemos en ese mundo fantaseado del qué podría pasar, de lo que pasará o de lo que pasó (futuro/pasado), nos sentimos presos, ya que no tenemos capacidad de acción. Es evidente que no podemos cambiar el pasado, ni el futuro. Sí podemos actuar sobre el presente, sobre este preciso instante.
   Pensar en el futuro o en el pasado no es negativo cuando esto nos sirve para planificar nuestro futuro,proponernos metas, recuperar momentos de nuestro pasado para nutrirnos de él,… En este instante soy mi propia historia y mi horizonte, pero no me pierdo en ellos, sigo conectado con este momento (presente).
   Así, como bien habrás deducido, el remedio para la ansiedad que provocan esas rumiaciones esVIVIR EL PRESENTE. ¿Cómo se vive en presente? Pon todos tus sentidos en aquello que estés haciendo en el momento presente: escuchando con toda atención a ese amigo que te está hablando, disfrutando de esa ducha matutina, saboreando lo que estás comiendo,… Haz de esto tú filosofía de vida y no un parche para aliviar en un momento dado tú ansiedad.
Leer artículo completo



Sobre el tema.....Vídeo de Eckhart Tolle
“Pensar Demasiado ¿Cómo Romper con el Hábito?” [SUB//ESP]


Wednesday, November 11, 2015

El niño interior y el adulto exterior o viceversa


Hoy un paciente en consulta me decía, tras un ejercicio que habíamos programado durante la semana, “No me siento suficientemente maduro” y eso nos llevó a analizar las características de un niño y las de un adulto…

Niño y adulto

Para descubrir que, en realidad, en él convivían ambos, el niño con sus características y el adulto con las suyas. La clave entonces no era si era maduro o no, porque lo era si estaba en modo “adulto” y no lo era si estaba en modo “niño”. La clave es qué porcentaje del tiempo se encontraba en un modo y qué porcentaje en otro en su vida.
Encontramos que cuando el modo “niño” tomaba el control ocurrían dos cosas con el modo adulto:
  1. Deja las riendas de su vida al niño y hacer lo que él quiere
  2. Rechaza al niño e intentar anularlo
El problema es que ambas respuestas del adulto producían aquello que es más frecuente en el niño:miedo.
Cuando un niño maneja la vida de una persona de edad adulta la mayoría de las cosas a las que tiene que enfrentarse le sobrepasan, así que aunque al principio sea muy divertido en seguida sentirá mucho miedo y desde el miedo tratará de que otro adulto le rescate, haciendo sus relaciones muy demandantes y dependientes. Generando mucho sufrimiento porque ya hemos visto muchas veces que cuando la mente está sometida al miedo lo que hace es encontrar razones para justificar el miedo, el miedo busca y crea miedo.
Si la parte adulta rechaza la manera en la que el niño pide atención y seguridad, normalmente a través de los incómodos síntomas de ansiedad, entonces esa parte de sí mismo se sentirá abandonada (que seguramente será lo mismo que le ocurrió al niño de verdad, que fue rechazado o abandonado) lo que le generará más miedo y más necesidad de atención y seguridad.
Las dos respuestas que su parte adulta tiende a dar automáticamente ante la aparición de las necesidades insatisfechas guardadas en su memoria de niño generaban un circulo vicioso de aumento del miedo y, cuanto más miedo, más fuerte se reivindicaba su parte niña buscando una ayuda que, obviamente, no podía encontrar en sí mismo. Ese es el motivo por el que la busca desesperadamente fuera alimentando el problema que le trae a consulta: la ansiedad (el miedo), los pensamientos obsesivos (el intento ineficaz de la mente de controlar el miedo desde el miedo) y sus malas relaciones de pareja (normal, el modo niño no está preparado para una relación de pareja sana).
Así que… ¡qué difícil y que confuso!
Y ahí encontramos la solución, por una parte en enfrentar lo difícil como hemos estado viendo últimamente en el blog, y sobre todo en la con-fusión. En la fusión dentro de sí mismo del adulto que es capaz de proteger, cuidar, buscar soluciones, dar cariño, estar presente y hacerse cargo de un niño (porque esta persona no tiene dudas de que sería capaz de hacer todo eso si estuviese cuidando a un sobrino suyo) y la parte de sí mismo que grabo miedos y vulnerabilidad hace años y que su cerebro sigue trayendo al presente. Si en vez de dejarse llevar por el niño o rechazarlo pusiese a su servicio las capacidades que tiene como adulto su parte niña se sentiría segura y dejaría de llamar la atención, con lo que su parte adulta podría manejar durante más tiempo su vida y tomar unas decisiones más adaptadas a tener la vida que desea, sin miedo, sin exceso de control y creando relaciones equilibradas en el dar y el recibir.
Ya solo queda crear alguna estrategia que haga que su cerebro entre en esa con-fusión que acepte y utilice su ser global para salir del miedo y la ansiedad en vez de tomar el camino automático de responder de las dos maneras ineficaces. Pero eso es algo que no puedo explicar, eso es algo que hay que hacer en consulta.
Como podéis ver en la hoja, profundizando más encontramos que su miedo tiene mucho que ver con su sensibilidad y con como fue sobreprotegido por su madre. ¿Es la sensibilidad algo negativo? La respuesta la daremos en un próximo post, aunque ya os anticipo que la respuesta es… no

Wednesday, November 4, 2015

La vida es difícil



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“La vida es difícil.
Esta es una gran verdad, una de las más grandes verdades. Es una gran verdad porque una vez que verdaderamente la vemos, la trascendemos. Una vez que verdaderamente sabemos que la vida es difícil – una vez que verdaderamente lo entendemos y lo aceptamos – entonces la vida no es difícil nunca más. Porque una vez esto es aceptado, el hecho de que la vida es difícil no importa más”.
Así empieza uno de los grandes libros de psicología del siglo pasado “The 
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road less travelled” de Michael Scott Peck: “La vida es difícil“. La semana pasada tuve un día de consulta que me llevó a sacar esta joya de la biblioteca y darles a leer a los pacientes esa primera frase. Y es que el sufrimiento que nos acompaña, muchas veces, se basa en querer que la vida sea fácil.
Cuanto más queremos que la vida sea fácil más difícil nos la hacemos. Una vez que comprendemos y aceptamos que la vida es difícil, entonces empezamos a hacer las cosas necesarias para afrontar el reto. Este cambio de mentalidad nos lleva a crecer, a evolucionar, a construir, desarrollar y poner en marcha mejores estrategias, a preguntarnos “¿Qué puedo hacer yo ante esto?”. Nos obliga, en definitiva, a sacar lo mejor de nosotros mismos, a acceder a nuestros recursos más poderosos. Y cuando abordamos los problemas y los retos de la vida desde lo mejor de nosotros mismos pues entonces, como te puedes imaginar, las cosas dejan de ser tan difíciles.
Sin embargo, cuando tenemos la fantasía de que todo debería ser como nosotros queremos (sin hacer nada para ello), cuando creemos que la vida nos lo tiene que poner fácil, cuando nos centramos en lo que los demás deberían hacer para nuestra comodidad y, especialmente, cuando nos quejamos y culpamos a algo externo de nuestro malestar, entonces nos estancamos. Por comodidad tratamos de empujar a los demás o a las circunstancias a un cambio que solo se puede producir dentro de nosotros. El gran problema de las personas con ansiedad y depresión es que tratan de cambiar cosas fuera, cuando lo único que va a cambiar la sensación de peligro permanente que tiene su cerebro emocional es cambiar algo dentro. Cuando nos centramos fuera olvidamos nuestras capacidades, nuestros recursos, nuestra fuerza, nuestro potencial y así es normal que nos sintamos muy inseguros. Y cuanto más inseguros más dependientes de que los demás lo hagan por nosotros y cuanto más dependientes, más inseguros. Este círculo vicioso, obviamente, hace que todo se vuelva mucho más difícil.
La vida es difícil y nosotros, que formamos parte de ella, tenemos los recursos para vivirla plenamente. Cuando salimos de nuestra zona de confort, enfrentamos nuestros miedos y nos comprometemos con nuestros sueños hacemos de nuestra vida algo excitante que fluye y se abre ante nosotros. Cuando nos cerramos la vida, que también forma parte de nosotros, se cierra con nosotros y todo se vuelve oscuro y difícil.
Ya hemos hablado muchas veces del equilibrio inherente al Universo, la física nos recuerda que:
– El positivo y el positivo se repelen.
– El positivo y el negativo se atraen.
– El negativo y el negativo se repelen.
Creo que uno de los problemas de nuestro tiempo es que queremos positivo y positivo y cuanto más nos empeñamos en ello más fracasamos (que es el negativo que compensa el exceso de positivo). Puedes comprobarlo por ti mismo, pregúntate ¿Cuál es mi actitud y mi comportamiento en aquellas cosas en las que tengo éxito y que me salen bien? Y observa si en aquellos aspectos en los que te quejas y que no salen como quieres estás haciendo lo mismo y utilizando las mismas estrategias o si, por el contrario, estás haciendo otras cosas mucho menos eficaces.
Si deseas que tú vida sea más fácil entonces empieza a hacer el esfuerzo porque así sea, eres el diseñador de tu destino, si tú vida te importa, hazlo bien.

Wednesday, October 28, 2015

Ser OPTIMALISTA para SER FELIZ


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El profesor Tal Ben-Shahar
El profesor Tal Ben-Shahar profesor y gran experto enPsicología Positiva plantea que el perfeccionismo es uno de los motivo más importantes de  infelicidad en nuestras vidas:  “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”. 

Lee "6 Claves para ser Feliz" de Tal Ben-Shahar





Así frente al perfeccionismo la Psicologia Positiva plantea un nuevo concepto: El optimalismo


¿Qué es EL OPTIMALISMO?


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El optimalismo, término que nace de lapsicología positiva, mezcla de optimismo y realismo, es una actitud que promueve el éxito ya que implica una postura optimista que no pierde el contacto con la realidad. La persona optimalista sabe que la actitud positiva no es suficiente para lograr sus metas pero también es consciente de que es un factor esencial. Es inteligente  emocionalmente y comprende que existirán obstáculos que se interpondrán en su camino pero esta perspectiva no le desalienta, al contrario, le hace más fuerte porque le motiva a buscar estrategias para enfrentar los problemas que puedan surgir. 


La persona que asume una actitud optimalista no pierde tiempo pensando en problemas insolubles sino que se concentra en aspectos objetivos, es pragmática pero no cae en el pesimismo. De hecho, el optimalismo implica conocer nuestros propios límites pero aún así esforzarnos para superarlos buscando estrategias que realmente puedan funcionar.

Al contrario del perfeccionista, la persona optimalista contempla el fracaso como una oportunidad real y se prepara para este. Cuando se equivoca, no piensa que vale menos sino que mira atrás para aprender del error y no volver a cometerlo. De esta forma, adopta una postura más flexible que le permite cambiar sus objetivos para adaptarse a las nuevas condiciones. Aunque el resultado final no sea perfecto, igualmente se siente satisfecha con lo que ha logrado porque se concentra en los pequeños éxitos.

Sin duda el optimalismo es una actitud muy diferente con la cual enfrentar la vida, y en mi opinión, cómo su propio nombre indica, óptima. ¿Y tú qué opinas? ¿Eres perfeccionista u optimalista?

Seguir leyendo artículo de Rosario Linares en http://www.elpradopsicologos.es/blog/

En el Blog de FILMOTERAPIA   puedes encontrar una estupenda entrada sobre el TEMA  ¿Eres optimalista o perfeccionista en la vida?  

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12 CLAVES DEL OPTIMALISTA

1. No se basan en absolutos universales sino en sus elecciones personales, deseos o preferencias. Una actitud que les genera enfoques muy flexibles, realistas y con multitud de opciones respecto a sus metas
2. Son muy realistas y no se crean ninguna fantasía de cómo debería ser el camino a su meta.
3. Como ya desde el comienzo aceptan su realidad (errores, problemas, dificultades…), dedican toda su energía en planificar e ir dando pasos en pro de sus metas
4. Se fijan modelos y objetivos personales altos o muy altos pero alcanzables paso a paso
5. Viven más de la motivación de conseguir éxitos que de la presión de no cometer errores, algo que sin duda reforzará su autoestima.
6. Se focalizan mucho en lo que tienen y consiguen y poseen una mayor perspectiva y motivación al centrarse mucho más en sus progresos o logros en conjunto que en los pequeños errores o defectos.
7. Piensan mucho más en el viaje que en el destino, eso les permite vivir al maximo su presente y llegar a fluir en lo que hacen.
8. Adoptan una actitud muy constructiva respecto a los errores y no les cuesta nada aprender continuamente de ellos porque el fracaso o error es visto como algo necesario y vital para su aprendizaje, crecimiento y el exito
9. Son muy prácticos porque se centran mas en las soluciones posibles que en el problema en si.
10. Al vivir más el presente suelen disfrutar mucho con el proceso y rendir con lo que hacen.
11. Aunque puedan tener emociones negativas suelen tener un balance emocional positivo, (un motor poderoso para seguir hacia delante en sus metas).
12. Suelen tener éxito. Puesto que vivimos en un mundo imperfecto, una persona que acepta este mundo imperfecto y se mueve constantemente en busca de opciones tiene asegurado el éxito.


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      RESUMEN del libro LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD en PDF AQUI
RESUMEN del libro PRACTICAR LA FELICIDAD en PDF AQUI

Conferencia de Tal Ben Shahar subtitulada en castellano